El viaje ya comenzó. El viaje, o todo viaje, siempre posee un tiempo que debate la acción concreta o inmediata de su sujeto. Pertenece a otro pasado, a otra instancia de la enunciación. Un pasado imposible: el viaje había comenzado es buscar poner un tiempo cero a la traslación, es elegir un evento o una instancia dónde exiliarse.
El relato familiar3 -y su tradicción4- se nutre arraizada en la porosidad de un mundo de objetos y dinámicas, de filialidad discursiva, de una herencia que nos transgrede inoportunamente, dónde sabemos que aquél que sufre y alza el dedo culpando al “P”adre, sufre más por hablar en/con sus palabras que por sus circunstancias incidentales.
Ritual sigue siendo noción principal para la identificación y concretización de cualquier transformación en el sujeto. El viajar es mucho más que un placer, si en su tránsito y sus postas y en el éxito o fracaso de mis proyectos es dónde se dibuja cualquier esbozo de identidad.
Nunca habrá dos viajes iguales. Nunca el tablero y las fichas caerán de la misma manera5, así como el mundo nunca dos veces nos mostrará la misma cara y nos contará ad infinitud el mismo cuento (inconsciente colectivo, pendularidad, karma, etc…) en su tradición dónde se enuncia que lo único seguro, es el cambio.
Podemos recorrer sentados miles de veces el mismo recorrido (con o sin piedras, con o sin curvas), pero es en la métrica y la agitación dónde damos cuenta de nuestra transformación.
Asir en categorías ya perimidas la posibilidad de un diario de viaje, es creer que el lenguaje puede con esta otra fuerza. Pero si radica en el lenguaje la fuerza, el lenguaje se escribe así mismo en la historia particular de cada viajante, de cada iniciado, en su procesión es dónde cobra fuerza, y en su relato, poder de verdad/ficción, o la potencia de algo efímero.
Si "la vida" es el incidente de una gota desprendida del océano en movimiento hasta su extinción-asimilación, a la masa que es gota y a la gota que es masa en un sentido ontológico, nacemos “en camino” a morir.
El viaje hubo de comenzar(nos). En uno o en varios intentos de describirlo son los viajes los que nos comienzan a nosotros.
1: Que el recuerdo se desfigure, que las cartas lleguen tarde, una cena en nuestro honor y en honor a nuestra ausencia.
2: v. Juana Bignozzi, por ej.
3: por nombrar alguno.
4: tradición y adicción: Si la tradición asegura que ciertos discursos se reproduzcan "a pesar" de sus enunciatarios, la adicción enmudece en abundancia, es vacío por completitud, es la denuncia por la víctima, no por el "testigo". Testimonio victimal
5: v. fractales.

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