martes, 19 de agosto de 2008

Viaje y exilio

El viaje ya comenzó. El viaje, o todo viaje, siempre posee un tiempo que debate la acción concreta o inmediata de su sujeto. Pertenece a otro pasado, a otra instancia de la enunciación. Un pasado imposible: el viaje había comenzado es buscar poner un tiempo cero a la traslación, es elegir un evento o una instancia dónde exiliarse.

Para el exiliado finalmente, el pasado, es un(os) lugar(es), dónde la historia puede ser desprendida: dónde “las cosas” o “las palabras” empiezan a describirnos desde perspectivas desconocidas y silenciosas.

Somos parte del pasado por arrojarnos al futuro. Expulsados a una vida “menos sólida”1.

La religión, los amigos y la poesía –entre otros responsables- nos han dicho siempre que cualquier día de la vida es un juego a cara o cruz con el futuro; el destino nos acecha detrás cada acción cotidiana. La causalidad se muerde la cola hasta el pelo del huevo, el ritmo callejero de la ciudad y hasta el encierro del monoblock, ambos dos guardan la eternidad en cada acción, el abanico infinito de posibilidades dentro de una vida; incluso las vidas mansas y dormidas que dicen no poder hablar de sí mismas2.

La producción de verdad y la complejidad del autoconocimiento en el perímetro urbano atraviesa toda política cultural, conflicto sujeto-Estado, interrelación-interacción-amor-y-comunicación entre individuos y hasta la historia de un país.


El relato familiar3 -y su tradicción4- se nutre arraizada en la porosidad de un mundo de objetos y dinámicas, de filialidad discursiva, de una herencia que nos transgrede inoportunamente, dónde sabemos que aquél que sufre y alza el dedo culpando al “P”adre, sufre más por hablar en/con sus palabras que por sus circunstancias incidentales.

Mucho más en su origen, más al fondo del caldero, hay otro relato que necesita sobrevivir; dónde en el principio de los principios –y sin una definición muy clara- para hablarnos a todos exactamente de lo mismo.

Es en un sentido radical, extremo, revolucionario en su origen; optimista y epifánico, privado para el resto de la humanidad, pero hablando de todas ella y ella hablando de él y necesitando re-producirlo en la quietud.

El viaje iniciático es materia (y pozo ciego) de estudio (y re-estudio) desde el origen de toda posible teorización o interpretación sobre el lenguaje y sus restos fósiles a lo largo de la historia humana -sin exagerar-.

Ritual sigue siendo noción principal para la identificación y concretización de cualquier transformación en el sujeto. El viajar es mucho más que un placer, si en su tránsito y sus postas y en el éxito o fracaso de mis proyectos es dónde se dibuja cualquier esbozo de identidad.

Nunca habrá dos viajes iguales. Nunca el tablero y las fichas caerán de la misma manera5, así como el mundo nunca dos veces nos mostrará la misma cara y nos contará ad infinitud el mismo cuento (inconsciente colectivo, pendularidad, karma, etc…) en su tradición dónde se enuncia que lo único seguro, es el cambio.

Podemos recorrer sentados miles de veces el mismo recorrido (con o sin piedras, con o sin curvas), pero es en la métrica y la agitación dónde damos cuenta de nuestra transformación.

Asir en categorías ya perimidas la posibilidad de un diario de viaje, es creer que el lenguaje puede con esta otra fuerza. Pero si radica en el lenguaje la fuerza, el lenguaje se escribe así mismo en la historia particular de cada viajante, de cada iniciado, en su procesión es dónde cobra fuerza, y en su relato, poder de verdad/ficción, o la potencia de algo efímero.

Si "la vida" es el incidente de una gota desprendida del océano en movimiento hasta su extinción-asimilación, a la masa que es gota y a la gota que es masa en un sentido ontológico, nacemos “en camino” a morir.

El viaje hubo de comenzar(nos). En uno o en varios intentos de describirlo son los viajes los que nos comienzan a nosotros.






1: Que el recuerdo se desfigure, que las cartas lleguen tarde, una cena en nuestro honor y en honor a nuestra ausencia.
2: v. Juana Bignozzi, por ej.
3: por nombrar alguno.
4: tradición y adicción: Si la tradición asegura que ciertos discursos se reproduzcan "a pesar" de sus enunciatarios, la adicción enmudece en abundancia, es vacío por completitud, es la denuncia por la víctima, no por el "testigo". Testimonio victimal
5: v. fractales.

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