Si la tradición asegura que ciertos discursos se reproduzcan "a pesar" de sus enunciatarios; la adicción enmudece en abundancia, es vacío por completitud, es la denuncia por la víctima, no por el "testigo". Es un testimonio victimal.
(19/08/08, de Viaje y exilio )
Somos eso. Habernos criado en un edificio peronista durante el alfonsinismo, con padres nacidos bajo el régimen militar y con una dieta new age y una ropa deportiva de los años 90's.
(01/09/08, de notas al margen: /tradición /)
Introducción:
No hay distancias.
A mí, me gusta pensar que no existe la distancia. En todo caso, utilizo la palabra "lejanía". El sentido de la distancia, el doble sentido masticado y domesticado de la "distancia", me parece injusto y sobre valorado. Habla de una carencia de presencia: este mundo está allí para mí como para todos. El problema es y será la lejanía. La distancia es una circunstancia observada, opinada, justificada y narcisista: en la distancia está todo el "yo" que "vos" no tenés en "vos" (para mí).
La personalidad es carente. Funciona y funcionará a partir de la carencia. En el sentido de completitud creemos encontrar su éxtasis, por ende, es necesariamente carente. Si la personalidad es carente, aparente, presente, el testimonio victimal está necesariamente a travesada por su experiencia. La experiencia construye la personalidad, y no la amolda, la educa. El testimonio victimal, no es el mero hecho de señalar los episodios ordenadamente. El testimonio victimal es la experiencia.
El hecho material modifica la materia, pero si dicho hecho se traduce o cuando uno se ve obligado a ex-presa-rlo, modifica también al lenguaje, se vuelve un hecho de lenguaje. Esto se traduce en un idioma mixto: el de la personalidad y el que hablaba el hecho material en sí.
"Un cuerpo emocionado en el espacio". Un cuerpo a travesado por la experiencia, e-mocion-ado; la nota de su voz está bañada de la experiencia presente. Un cuerpo adicto es la expresión del deseo por el vacío, y no por la presencia. El constante parto de la enunciación, es una imagen relativamente ilustrativa.
1:
Breve.
Somos cuentos contando cuentos, nada.1
Para concluir nunca hay una sola forma, una fórmula, ni siquiera un procedimiento particular: siempre hay cabos sueltos, siempre hay caminos que se bifurcan, tangencialmente. Ni en la muerte de la vida más épica y noble, una persona podrá cerrar y concluir las líneas sueltas que atraviesan su vida. La madeja de relatos en la que estamos sumergidos.
La literatura a veces, en su noble tarea, retoma el ovillo y continúa deshilvanando los misterios y las palabras de una vida lejana, muerta u olvidada. El escritor dedica su mente a reconstruir y recuperar textos, frases, imagina y divaga sobre los textos que pasaron por su vida, continuando, extendiendo la inquietud, contagiando a sus futuros lectores en silencio, las palabras y las gramáticas de vidas que nunca tendrá, parcialmente, ya con pocas frases, con lo irrecuperable del hecho en sí mismo.
No me gustaría empezar esta oración con la palabra "Ontológicamente", pero no encuentro otro modo. Ontológicamente el fenómeno de la realidad, el acontecimiento de la percepción es parcial y perimido por las categorías interpretativas, nunca hay un mismo relato sobre un fenómeno o acontecimiento atestiguado por dos observadores agudos. Ni siquiera el discurso científico.
Somos modificados sustancialmente por lo fenómenos y acontecimientos del mundo real, somos moldeados diariamente, nuestras vidas tienen una gramática interna, un uso particular. Nos enfrentamos con contextos elegidos por esta gramática, las palabras que oídos, su tenor, su densidad semántica, su paradigma y su sintagma, su poder de satisfacción, son elecciones puramente discursivas. El producto familiar-social de un idioma, de un modismo, de un segmento lingüístico.
2:
Insistencia
La adicción es necesariamente una operación del cuerpo. Nacimos tragando: boca, ojos, oidos, genitales, etc... El consumo y la comunión son el cuerpo humano, la residencia del lenguaje, el aprendizaje y el entrenamiento, la sociedad, la vida. Somos el consumo.
La palabra "adicto" viene del latín addictus, "apegado o adherido a una persona, una opinión, etcétera"2, la experiencia es un estado presente en el individuo, es la tonificación del músculo, es la afinación de la cuerda del instrumento.
Desde las consonantes de nuestro nombre y de las ciudades en las que vivimos, desde el sustrato lingüístico indígena que se cuela en los acentos de las personas de distintas provincias, hasta el estado de ebriedad de la noche anterior, la experiencia, lo oído, lo visto, lo contado y lo comido, nuestros discursos materialmente están inmersos y sumergidos en una gramática que nos precede, en estructuras establecidas mucho antes de que hayamos nacido.
Todo discurso como toda persona, en su contradicción, es en dónde encuentra su fuerza y su genialidad, su estado genuino. Cuando contradicción, digo eso, contra-dicción; está más que claro.
3:
Consistencia
Significance is inherent in the human body 3
Esta vez, me veo obligado a utilizar ejemplos. Estoy realmente en contra de utilizar citas y ejemplos con otro fin que no sea el romántico. Voy a seleccionar unos "testimonios" aleatorios, malinterpretados y livianos: son un mero bosquejo de algo que te puedo asegurar, uno puede encontrar en la vida diaria, sí, en el boludeo, en la vida hablada.
Aunque es posible también que ningún ejemplo jamás se acerque a la experiencia de lo oído sobre una mesa de café vecina, lo espiado, las contradicciones de nuestros amigos en pleno llanto, la vida hablada, un historial de MSN.
Quisiera poder abarrotar estos párrafos de ejemplos y citas y notas al pie pero todo me parece en vano. ¿El relato como constitución en la mente y el espíritu resuena? ¿esto resuena? ¿podés compararlo con alguna otra cosa, aplicarlo en alguna parte, aunque sea un fragmento?
Desde el viaje iniciático hasta la inmortalización virtual del discurso, el juego de espejos, reflejos, citas y distorsiones, las místicas creadas alrededor de grupos de amigos o la vida de pueblo, el intercambio de fluidos, la vida discursiva es un eco en delay. Somos reproductores de una tradición con un diapasón averiado, del ritmo de un dictado, la dicción y la tradición continúa transmitiéndose, nuestros andamios y los caminos gastados, recorridos. Un eco haciendo feedback constante, en la curva del sonido, hasta diluirse gradual o abrupta en el silencio de la naturaleza.
1 v. Pessoa, Fernando @
2 v. Participio pasivo del verbo addicere: "asignar, adjudicar, dedicar" (de ad, "a, hacia, para" + dicere , "decir"). Es errónea una etimología muy difundida que equipara "adicción" a "no dicción". @
3 v. Kristeva, Julia @

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