
1
En 1955 Vladimir Nabokov publica Lolita en Estados Unidos y es un éxito, es históricamente el primer best-seller. Varios motivos lo convierten en una pieza de dudosa moral, escándalo de época; pero sus lectores hablan felices de la ambigüedad que genera, la recategorización de perversión/pataología/criminalidad por seducción/amor/heroicidad romántica.
No hace falta releerla para saber que dicha ambigüedad está sutilmente planteada, necesariamente solapada, seductivamente minando una novela de desprecios hacia el prójimo, al lector, en el seno de la subestimación y teatralidad.
Humbert Humbert está dando su alegato, señoras y señores del jurado. Es testimonio, es argumentación e increpación directa, es puro presente -ése otro tiempo de presente, el tibio y anacrónico.
2
Una joven lee una novela rosa -el color de su tapa, aparentemente- en un colectivo, mientras mastica chicle y se acomoda las zapatillas. Esta imagen, teatral e irónica, guarda en sí un espíritu juvenil y autocrítico, un vértigo, seducción y hasta un posible peligro.
El amante, en su mayor fervor, desarrolla una serie de conductas que refrenan su alma turbulenta (Werther) y colman el deseo ansioso por la esperanza romántica.
El amante se sienta a observar a su amada, a buscar en qué parte de su cuerpo, en qué palabra, en qué átomo se encuentra el origen de su fascinación. Define y recategoriza cada minúsculo movimiento, estudia acechante las conductas y pormenoriza obsesivamente cada gesto de un cuerpo grácil, inasible, inaccesible. Una femineidad en estado salvaje.
Entre los límites temporales de los nueve y catorce años surgen doncellas que revelan a ciertos viajeros embrujados, dos o más veces mayores que ellas, su verdadera naturaleza, no humana sino de ninfas (o sea demoníaca); propongo llamar nínfulas a estas criaturas escogidas
Mansa y fea, la madre de Lolita es de acceso simple; predecible, solitaria y entregada es casi una burocracia para un hombre de su edad. Muerto ya dentro de Charlotte cualquier posibilidad de riesgo o peligro carece de toda seducción. Ávida la mente de Humbert, puede percibir lo salvaje y lo siniestro, y no poder alejarse de allí, nunca quitarle la vista.
3
Los hechos son apremiantes. Luego de un largo periodo de observación sedentaria, el poeta y su amada huyen en un auto por toda América,un romance nómade a lo incierto.
Sí, la película de Adrian Lyne (Lolita, 1997) guarda un pacto con el libro dónde conserva ese espíritu turbado, un espíritu turbado en constante desplazamiento, en una huída infinita, utópica. "El amor" en realidad necesita esa falta de cotidianidad, esa aventura constante, los amantes forzosamente necesitan huir de los terceros que los juzgan o que pueden desatar discordia en ese equilibrio, en el refugio, en el nidito.
Huir es parte del veneno, de la euforia del elixir amoroso, es el cuerpo el que no resiste o podrá no resistir, en todo caso.
Si Lolita es un viaje al fin de la inocencia, es entonces la inocencia de su narrador, y no la del objeto de su deseo -que ya estaba iniciada, digamos-; pero Lolita es también un viaje de texturas y prolongaciones del lenguaje para perseguir y capturar al objeto amado. No es al objeto amado al cual nos dirigimos cuando hablamos de amor.
Pero entonces esa angustia, Vladimir Nabokov, héroe literario y promesa rusa, última generación del sueño aristocrático, solamente nos puede entregar su angustia por no escribir la Obra Suma, la Obra Total de su siglo. Nos entrega la perversión intelectual de un narcisista patológico, un antiheroe con todas letras.
Es en el viaje de ascenso -catábasis- hacia la musa, que realiza Dante dónde se atraviesan y traspasan todas las textualidades; Lolita es el gargajo frustrado del cancionero de Petrarca, de la recuperación de Helena "de Troya", del regreso de Ulises. Un "amor" mutado, de nuevas conductas, a un discurso amoroso en clave pastiche, a un poema épico desde el fondo del pozo, al amor en un mundo de categorías, frívolo, individual. El viaje iniciático, el Poema de los Poemas, en un vómito rabioso de post-guerra e de industrialización.
4.
Las palabras entusiasman, el inglés es ahora para un Ruso, un juego, un uso y una usanza pop, Coca-cola y Corvette, el sur de Estados Unidos y la poesía europea muriendo, agonizando.
En un grado de primera impresión creo que es notable, que la novela comienza y es un constante lamento de dolor que se revuelca en la humillación por el tiempo pasado; y como todo discurso amoroso -y esto Barthes no lo menciona- cada palabra dirigida al jurado es producto de la experiencia más alta, más original y única que todo amante asegura haber tenido y sentido por su objeto amado, cada palabra está elegida con la voluntad de lo sublime, y la humildad de quién lo ha comprendido, cada palabra está paladeada y saboreada, cada palabra está escrita para ser degustada como el beso de lo hermoso y lo perfecto.
La "verdad" de Humber Humbert, su profunda manía se trasluce y se palpa en un texto poroso y crudo, en un testimonio victimal, solemne (pues se mira a sí mismo) y corrosivo (pues tiende a su autodestruccion), en la inminencia de su fin. Lolita, es el juicio a un enamorado, a un romántico, al último romántico, fusilado o exiliado al silencio; Humber, capta nuestra pena y trabaja con ella para que seamos en parte culpables del fin del amor.
Lolita fue el primer best-seller americano, irónicamente escrito por un Ruso durante la guerra fría, es también una novela erótica amoral furor en el seno de una sociedad conservadora.
Pero más allá de estos retorcijones ocurrentes, de esta constipación de tanta genialidad: Lolita es el último resabio de "nobleza" en la literatura amorosa, es el llanto por el punto medio del siglo XX, por el fin de esos valores totales, la pérdida de otra inocencia, una mayor; por la vulgarización de algo alguna vez claro, sentimento y elevación.
Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.li.ta.

1 comentario:
Estoy en el laburo y no es el mejor contexto para expresar lo mucho que quisiera. Ojalá baste con decir que comparto la fascinación por esa novela, que coíncido en la perspectiva desde la cual abordaste tu texto y que me causó una curiosa alegría llegar al final del mismo y darme cuenta de que lo habías escrito vos. Me siento algo así como el hincha de boca que quiere celebrarlo al Diego por haber expresado con justicia el amor que uno siente por Boca.
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